Colección Digital de Poesía Hesnor Rivera


El alma vive en el cuello

Mimos

Traigo rencor desde el vientre pues nací en el circo.
Germiné como achote entre animales que no terminé de conocer
entre hombres de regiones nórdicas y pálidas que, vencidas, huyeron en su piel
asombrados por la contorsión del fuego en sus gargantas, por su sencillez
vine a crecer entre ratas.
Domando las fieras terminé como ellas, con un cuero tan duro que no atravieso
de tierra en tierra, entre armar y desarmar las carpas, perdí el valor de los años
olvidé mi edad.
Después pasé a las maromas y al disfraz
sentí que ya era viejo el tiempo por mi torpeza.
Ahí conocí todas las amarras, caminé sobre ellas,
los dientes de las barcas que nos llevaron a lugares que creímos cascadas
la vida es un atropello al hombre
es idiotizar la rutina de pestes normales,
la gente tiende a perder la alegría.
Conforme fui aprendiendo, menos me enteraba
yo: hombre bala
caída libre
domador
disfraz que visten todos
facilitador del trapecio
vagón de todas las risas del mundo..
olvidé mi respiro por ayudar a que otro no saltara.

Mis ancestros dejaron todo en él, hasta el último que murió ahorcado
nunca llegaron al acuerdo, por más intentos de fuga.
Se iban quedando en pueblos desesperados, cambiaban sus nombres
para, al final, llegar decepcionados por no poder cambiar de sitio sus madrigueras.
Todo me hizo duro y a estas horas del mundo no sé mi nombre
todos me dicen «Alorde», tal vez sea mi apellido o el de cualquiera.
Creo que estoy viejo, ya no me mandan a nada y de algún modo siento miedo a Dios.
Tanta gente, animales muertos, tantas travesías, tanto estirar la sonrisa,
tantos «tu turno» todas las cosas sin medida.


Mar de otra

El mar se ha ido.
Duerme con una señorita
de piel reciente
en algún motel interior.

Lo han buscado desesperadamente,
ha renunciado de rúbrica a su oficio
y él, definitivamente, no lo extraña.

La mujer, madre de la señorita
lo ha denunciado con un juez
de vesánicos modales
y mala obertura.

Omiso a las injurias
duerme aferrado a ella
en su mano derecha.

Plaza de mar vacante
en los desérticos espacios,
mientras él y su amante devoran
los últimos vestigios de su inocencia.

Yo lo extraño con frecuencia.
Él ha olvidado para siempre
sus grutas, sus abismos, sus necesidades.

La mujer, madre de la señorita
saltó hasta el final de un arrecife
con un laúd en la mano.


Libertad por todos

Luego entendería las razones del salto.
En los días de la piel mohosa y del puchero
con el escaparate de fondo y la bulla del que llega primero
nace la vena
un patio crece.

Pocas veces se llena el manantial así llueva
y entre todos, con el solo peso del reflejo
lo llevaban a otro lado en los bolsillos.

De varios quién será el primero al que guardaremos

unos corrieron con la suerte de esconderse por un tiempo
en un tamaño prominente, en las aceras de nuevas carreteras.
Tal vez en la resaca de muchas noches a pie.

Pieza de barro en los dibujos del zapato.

Sobre aquel patio los distintos colores de las metras
y las huellas de todos,
el agua que rebosa la pipa y los muchos nudos de la manguera.
Hasta ahora bien..
Ya algunos pensaban no volver a la escuela.

Brida,
no la vieron más,
José Ramón,
se lo llevó la lechina,
A Che María, lo picó una serpiente.

Los otros
no pudieron con el pueblo y no jugaron más nunca
ahora viven en lados incruzables.

Y una vez cayó uno, aunque se dice:
fue a buscar las alas en otra parte.


La hora en el espejo

Viejo…
ya no hay sombra del fusil en el hombro ni en el resto de la espalda,
asumir noventa eneros y la resequedad del sol en las espadas, es aceptarlo todo.
Toda esta terquedad de las arrugas y la misión de enfermar a otros,
en toda la monogámica mentira de criar, hasta que maten por si solos
y que volvieran cansados de cada invento de las manos,
viejas se vuelven las cosas que lidiamos.

Quizás con menos días en el cuello mudarías de nuevo
no cambiarías tanto los nombres de muertos a vivos
llegarías a tiempo a cada cita y usarías los ojales adecuados a cada botón,
más lejos.

Viejo..
desnudo, animal menudo de veintiséis costillas morenas
de dientes apretujados a juro, y de una mesa de noche de tres patas
de retratos manchados por salivas turbias sin intención
de un corazón que sangra una viga de una navidad remota
de ti, acostado bocarriba.

Se fueron todos por edades comprendidas, con aperos que luego perderían
en perezas de caza, no le dieron tregua al nombre grabado en cada porra.
La soledad es una hora entrada, en un lugar ajeno y de distintos recovecos.

Viejo. Ya no hay sombra de guerra en lo que hiciste
tus perros de jerga desaparecieron en una de las esquinas de la cama
no hay don, ni jerarquía en las botas roídas de miedo..
Se acerca la peste por un río.

Viejo, dónde duerme ahora el pañuelo de manchas repetidas
las paredes de barro cedieron y están sobre la puerta
se arrastra más vieja que tu maña, rompe el piso, madruga piedras pequeñitas.

Qué hondo viajan las uñas por el suelo que sangra

Qué vida tan larga que se acerca..
Viejo


José María de los Hornos

Sobre este documento se cambiará
y con la única letra de pelo tieso que hace ver la luna delgadita
estaremos en paz..
dispuestos
mucho después de todo el viento

anudaré tu lazo y pensaré desde el principio.

Quien me conoce verá desde lejos y sabrá:

qué mediodías estos no?

[soplo con el sombrero las moscas y el sopor]

son doce calzones, una yegua, las tiras de amarrar las cortinas, y el
pañuelo manchado de café. Nada más quemé todo
el resto lo guardó tu familia.

Y pensar que sería yo primero —lo dijiste una vez con rabia—
definitivamente no somos quien decide las alturas,
más bien las goteras y los hijos que después son del mundo.


Dónde debería firmar ella —pregunté—
y, sin titubear, vi que era en la parte más blanca de la página

debí ser yo y no usté —pensé y firmé—

ahora soy todo lo que me cae encima
dicen que me parezco a Aurelio, con este sombrero y estos huesos largos
por anudar todo lo que cae en las manos y coleccionar botellas..

rayé todo a la mitad.. cuando quieras puedes pasar por ello.


Ser

Fuimos eso que nunca tenemos pero que creemos nuestro
La venganza de la aguja más grande del reló
   
Fuimos la víspera de todos los momentos
Algo que no se cansa de cerrar
Una silla esperando una rueda bajando

Fuimos el miasma de los objetos tapados
Mi Santa Sofía de la Piedad
El santo que no alumbro por soledad
El tiempo descalzo el odio que amarré bocabajo

Fuimos ese amor que se hace porque no hay otra cosa
Sexo seco y amargas sus ramas
El dormir luego para no jugar con la palabra
Nunca uno, sino, uno sobre otro

Fuimos tantas veces que no logro recordarte
Tendida secándote
Prensada por los bordes de cada retoño de la carne

Fuimos eso que se alarga por sequía
El cauce que hace la costumbre
El calado del pie por donde más se desgasta
Todas las hojas del sauce en la espalda

Fuimos la ventana que abisma y guarda en cofradía
El tísico volumen de los huesos
El sabernos por los nombres y no lograrlos
El olvido ensayado tantas noches mientras crecías

Fuimos un viaje sobre tablas
Algo de lo cual nos acordamos solo si lo miramos
La cena servida por otras manos



Fauna

En las huertas algo se parece a su voz artesana.
Es 1956 y no hay mimbre.
Los burros dirigen la velocidad del mundo
y en mi tierra,
nos movemos tirados por cabestros y ruidos de hule.

Hay miradas que se secan como caminos de barro
y en el ingenio madrugador se oyen lenguas arrugadas.

Son ráfagas
todo tiene rumbo norte
arriados por varas y brillo de charol
se confunden y se pierden en las migas.

Después ya es muy tarde y nada llega.
La vida pasa bajo un sotobosque
todo es muy joven.

No hay dónde sentarse
ni fuego, ni tú


Demora
A Maricela Benítez

Pude haberla mirado para siempre,
pero todo ocurre bajo el agua
y convencido, no fue más que esa vez, cerca de lo que ahora ya no existe.

Me vine con el pueblo entero adentro y una de las noches
con todos los ensayos de hombre
y la esperanza de tus dos cuerdas que siempre quedaron detrás de las orejas.

Nos hicimos asesinos por completo
tragaste tanta agua que se te llenaron los senos y el comienzo de los muslos
trajimos gente al mundo en raudas celosías.

El ajetreo de crecernos siempre por las puntas
y de mirar siempre el centro
ajados, condenados a la noria y a remendar cosas que vimos nuevas.

Vivirás completa
una vez quise decirte que aún me dolía la cicatriz
y que nunca pude romper las nueces con los dientes, que era mentira lo del brazo.

Me traje la piedra, por la promesa aquella de que si crecía
tendríamos una segunda oportunidad,
no lo sabré nunca, la perdí en una pelea.

Lo que sí guardo es la imagen gorda de la falda
y todo el tiempo que te vi desnuda
la vida de una sola ventana, la media hora de camino hablando nada.

Creo entonces en las balas perdidas
y en todo lo que va colmando el camino,
en sus adobes para el tropiezo
en los huecos donde he metido el pie para sentirlo
en la mordida de los perros
y en cómo no he dejado de crecer por las puntas.
En la posibilidad remota de encontrar la piedra,
creo, pues, en tu imposible puerta
En la ida de las formas por naturaleza
y de cómo todavía puedo mirarte bajo el agua sin tristeza.


Del catre a la ventana

A mi edad sólo quedaron
los íntimos recuerdos de una rosa.
Desde este catre sólo veo
unas cuantas nubes apresuradas
para no ser sorprendidas por la noche.

Una casa vacía
con muchas puertas aburridas y sedientas,
mis canas batallando su espacio
y unos cuadros cansados de colgar,
la humedad sórdida de sus aventuras.

A veces aseo los platos con la lidia
que me da este frugal silencio
y se oye, a lo lejos (hay veces que se ve desde mi ventana)
la voz de un ayo mitigando las estampidas de niños
que cruzan calles sin mirar a los lados.

Y en horas de piedra y rebeldía, sólo me quedan:
los zapatos azules que te llevaron de regreso,
los pantalones de faltriqueras rotas,
la frágil voz de reprimendas nocturnas
y unas monedas en el piso

que olvidé recoger, y tú olvidaste llevar al otro lado.



Fuego a manivela


Sin ver

Te mido con pinceles incompletos
Te miro con las falsas esperanzas

Una burla anida tu garganta
Enteramente usas las palabras:

Higo

Casi

Ah

Bangla Desh

Púrpura

Diego aún duerme

Espera


Tac, tac, tac


Intemperie

Te vas muy cerca de la ventana
con todas tus vértebras y tu hálito de renuncia soñadora
llevas la ruana y el tepuy
la calavera, tus trenzas maquilladas toda nuestra intemperie

te vas hoy por la ranura que dejo entre la espada
por el sendero de sangre de otros gritos
con la vida y su esperanza de muerte
bajita
con números que no adivino
cumplida por delante

vas como tanto lo intentaste
saltando el adoquin, dándole a cada salto un nombre extraño
a cada raya, la sombra de un retrato que se amarilla en otra mano interrumpida

te vas ahora
de todas formas te seguirá la vista hasta el trastumbe

cóseme la camisa del baúl, la negra abandonada

y si
no hay Pessoa que valga a estas horas
se ondula la rabia en el espejo
atravieso el menor de los recuerdos
debes ir llegando
a recibirte la doña y el ovejo

te vas y quién le pondrá nombre a la próxima paridera
a una de las almohadas
a nuestros precipicios a ambos lados de la cama
a mi perro imaginario, al río que cruza su muerte prematura
al ruedo del pantalón a cuadros
quién dirá mi alias a diario


y lo acepto
con el único motivo que me sobra
mirándote acostado, y en el espejo una foto que columpia el viento


Es un lugar de odres y gualdrapas perdidas
Donde zozobran mis manos
Y derrotan el vientre urgido

Hay una forma de hurgar en las llagas
Sin que la carne se dé cuenta
Abrir el paso con lumbre y ordeño sin hora con todos los dedos

El encierro de hace unos años atrás
Equipajes olvidados
Te sangro todavía

Ruin es el regreso y su cobalto
La suprema rueda
Y el perfil de las personas que tienden a morir

Es uno solo a la vez
Y te irás ensanchando
Olvidando el sudor de carreras sin motivo

Te irás hacia dentro
Un encuentro con vigas del pasado
Con hojas que perezan y olvidan mis pedales

Lajas
Un sorbo
Filibustero

Cuántas horas tarda un hombre en desangrarse


...

Es un día difícil,

Enero cae.
No hay luces de señal no hay horas en la lucha.

Desde la nuca
y el sendero cerrado, da a la espera
ruego por los otros la sencillez del busto

no hay rastros
desde el comienzo lo sabía
desde que aprendimos a sudar

nos tragamos
silbamos la última
huelo desde abajo tu perfil

es un día difícil
sin atarnos
sin el racimo que agarra la perdiz

lira
desde cuándo lo sabes
desde cuándo aprendiste la soba a golpes profundos


.... cuando amanezca, nos juntamos cerca del cerro rojo, lleva sardinas en lata, de esas que caben en los bolsillos pa' que no hagan mucho peso, ya sabe, se amarra a las patas ajo, no se olvide, por dentro e las medias, y los sacos, los nueve que le encargaron y los dos de su mama, son once, cuente con los deos, y así no se equivoca, deje las arepas de hoy pa' mañana, no importa que se enfríen, métalas en una bolsa, el frío las pone húmedas y blanditas, se trae al perro capitán, no traiga el otro que es muy realengo, y se pierde, y después perdemos tiempo buscándolo, traiga a capitán na más, ya sabe, no vaya a dejar que le amanezca porque no me encuentra, ni se vaya a ir solo, acuérdese de la última vez que se perdió en ese cerro, y tuvo tres días penando por'ái, haga caso acuéstese temprano, ah, y el miche métalo en la mochila no en la cantimplora, si quiere invite a su hermano, bueno, me voy... ya sabe, no olvide los ajos, espanta las culebras.


Álbumes

De encargo, el muro
La saliva cansada, el cuerpo arrepentido
Un brazo sobre el hombro.

La costumbre del viento de secarme las encías
La veja del sorbo repetido, y la raya de mi mano..

Todo hecho a álbumes de sonrisas que ahora le faltan dientes.

Una fecha fijada en el cemento años atrás
Y La queja de la dueña que ahora es un árbol,
Un jergón vacío y la voz precisa para confundirnos a estas alturas.

Qué falta. Las amarillas..

Ayer
Traje unas de memoria y las hablamos sin recordarlas
Otras se quedan, y sólo cuando las vemos se apuran.

Ya no somos iguales
Tanto tiempo guardados con aperos
Nos canó el pelo y borró los alambres.

Cuánto, aún no sé.
Todo lo calculamos por el desgaste de las patas de las sillas
Y por los platos que se van partiendo.

Quedan las que prestamos o las que regalamos
Quizás las que se fueron en la última mudanza

Las que vuelan

Las que no conocemos todavía

Las tuyas de niña.


Mimbre

Velada

Parado a sombra de tu ombligo
con doce pisos enmascarados y cartulina
a malabares doy en la brújula
a puertas de vientre
a la décima luz del camino
contigo
con la brasa
con el nido hirsuto.

A minúsculas sílabas de encierro
cerrado del aceite que sobró por la tarde
a rastras
a segundos del grito
muy cerca de la tabla que resume la vigilia
halado y ayudado por mareas
por tu muelle devastado.

Marta no murió natural
se la fue llevando el viento
 a pedazos

de ella sólo su desgaste
su nombre que aún existe en otros
y debilita más mi puente quebradizo

tenue como la balsa que la llevó de vuelta

A Marta aún la respiro desde el balcón
quizá mar adentro, sin abrirle los ojos
la siento descalza detrás, con sus brazos como espadas brillantes
con todo su cabello cubriendo la palabra
con su vida ceniza
 a una cuarta del piso.

Esta calle mojada todavía no me perdona
ni este trago salado
ni con lo que tropiezo de regreso
a horas largas de la noche.


Nunca fui yo,
la casa era la que siempre se iba.

De esos andamios oxidados como huesos
brota el doliente de tapias y mazmorras.
Según: la huella
el miedo por la profundidad.

Como el rebuznar desde el vientre atravesado,
así mismo hoya la vida,
a sabiendas que esta es una tarde cualquiera
y que la casa obscurece de adentro hacia fuera
desde que nos asimos al oficio de la costura y de equivocarnos.

Nadie duerme sin sus mamparas en la mitad —las pocas que quedan—
 sin azufre en las heridas del dedal
nadie sin sus bacinillas de chimó
sin la zábila detrás de la puerta
y la consolidación del murmullo como oración.

Los rastros
el camino pendiente
la ramera de todos
el rostro atascado
el vuelto que salta en los bolsillos
todos nosotros repetidos
en millones de pedacitos
el cogollo
la mentira que es el tiempo
la capacidad de algunos para el olvido..

todas estas cosas barbudas en el camisón de sueño
en colores lagartijas.

Amolamos a otros con tu cuerpo y seguimos creyendo,
intentando
a pesar que nunca viste el mar
equivocándonos.


La vorágine
...el tiempo nunca pasa, no se va
el tiempo… se nos queda adentro.
Alí Primera

Tus pies, tu sótano más frío y, que juntos, gemelos
esa edad de la que gozas y que yo vestía de un grueso azul..
duerme como el ñame, suena como el humo.

Todo magua en la diáspora de tus dedos
en el difuso pensamiento que vi en tus encías.

Rancios se atropellan los deseos y dedican menos a los escapularios.

Tus pies: diez dedos campesinos, tímidos y tísicos
regalados al andamio de otras posibilidades,
el misterio en prosa
el sigilo de uno a otro.
Es un rastro de céleres pájaros que nadie conoce,
uñas afiladas; alfolí para las primeras gotas.
Notas, fotografías, palabras paradas en una esquina
tu fondo, tu voz desde abajo, el fin de un baúl.

Qué diligente la vida
al no podernos llegar por los travesaños de la mesa
no acudir a la cita por la prioridad de la regla
por qué nos abandonaron las espinas.

Y tus pies allí, como dos prisioneros del celibato
como muelles de pasto que nadie arriba,
como dos mejillas.

El lugar contrario al remolino, condenados a partir del mismo día.

De números opuestos y encargados de llevarnos el peso
tus pies y el reloj descompuesto
nos acercaron una vez la saliva
y el mapa para la vuelta.



La hora en el espejo

Viejo..
ya no hay sombra del fusil en el hombro ni en el resto de la espalda,
asumir noventa eneros y la resequedad del sol en las espadas, es aceptarlo todo.
Toda esta terquedad de las arrugas y la misión de enfermar a otros
en toda la monogamia mentira de criar, hasta que maten por si solos
y que volvieran cansados de cada invento de las manos,
viejas se vuelven las cosas que lidiamos.

Quizás con menos días en el cuello mudarías de nuevo
no cambiarías tanto los nombres de muertos a vivos
llegarías a tiempo a cada cita y usarías los ojales adecuados a cada botón,
matarías más lejos.

Viejo..
desnudo, animal menudo de veintiséis costillas morenas
de dientes apretujados a juro, y de una mesa de noche de tres patas
de retratos manchados por salivas turbias sin intención
de un corazón que sangra una viga de una navidad remota
de ti, acostado bocarriba.

Se fueron todos por edades comprendidas, con aperos que luego perderían
en perezas de caza, no le dieron tregua al nombre grabado en cada porra.
La soledad es una hora entrada, en un lugar ajeno y de distintos recovecos.

Viejo. Ya no hay sombra de guerra en lo que hiciste
tus perros de jerga desaparecieron en una de las esquinas de la cama
no hay don, ni jerarquía en las botas roídas de miedo..
se acerca la peste por un río de azufre.

Viejo, dónde duerme ahora el pañuelo de manchas sucesivas
las paredes de barro cedieron y están sobre la puerta
se arrastra más vieja que tu maña, rompe el piso, madruga piedras pequeñitas.

Qué hondo viajan las uñas por el suelo que sangra

Qué vida tan larga que se acerca..
Viejo



Ido de lagoarriba

Desde el mismo lugar me dirás adiós
y pasaré igual por encima de todos los años que me encuentre
no será ya, y desaparecerán los besos, hechos siempre con todas las puntas.

Derrotado por cansancio más no por los sucesos
me despido de la tribu, y ceno solo esta vez.

Otras manos me atraviesan, me acostumbro a su modo, rezo de sus labios y río a veces. Todo se hace al norte de la cama.

Y me sigue el mismo perro al cual los piojos se le mueren de viejos
amarillo, boca negra, soldado de mala crianza, enamorado de mis alpargatas, también se olvidó, ahora corre hacia otro silbido y en círculos sin compromiso.

No debo nada, sólo la manutención de las ganas y llegar temprano, no dejar que el monte cierre el camino y acercarme una vez al día por detrás.

No es lo mismo, y sólo lo pienso cuando cambia la dirección del fuego,
la presencia de la luz que siempre llegaba por las patas y dormía un poco más.

Tengo vecinos: doce perros de pereza, una araña suicida, y la terrible ausencia de jaulas abiertas.

Una pala, un río
y un puente de piedras, que hice sin querer.



Hago saber

Siempre una sobre otra
la lengua más voraz dejará de ser libre
imitará la laguna
y ruin se serenará desde su cerrojo.

A la más joven de alas
la más pueril
la mejor sentada a la hora de rompernos.

Como el tiempo que ha pasado entero por nuestras venas
como cuando envejecimos en la mitad de la puerta
de alguna manera rodamos sin soltar el rosario
sin atajos
sin una mueca a rastras
sin mi arrecife Vulcano oriundo de la distancia de tu paso.

Así abro tu fuerte calavera y me asomo
con el ápice, con la media íngrima y la minga
con una voz absurda que dice la mitad
te separo y es como la vida de un muelle;
anoche llovió
la cama suena en el medio.

Siempre
el sitar
que empoza su figura
que me la trae de manos
joven sólo en la rama que arrastra
mansa
como una rueda
y el silbido que traspasa mi rabia por entera


Doce y quince
el reloj sangra detrás de las orejas
veinte más y atenúa

la miro.


El precio

A las criaturas renacientes
manipuladas por la gana a la belleza
solamente horas.
Renuentes por tradición y salitre
apoyados por la cifra borrosa y la hiena
solo les queda el buche.
Criados bajo el yugo de la manivela
apenas saben del calor del hambre
del sueño que produce,
y caben más en nuestras manos si nos cortamos los dedos.
Recortados por Dios
olvidados siempre del sendero
siguen viviendo, unos
por la mayoría.
Años antes ya tienen nombre
y acaso, algunos nunca llegan a nacer
continúan abajo
por decisión de un sandio. Con suerte
los arrastran por las mandíbulas;
los más
se conforman con la mies de las esquinas.
Ah, mundo traidor!!!
hecho a mano y sin embargo traidor,
tirano y decrépito
no aguanta peso, se agobia
se sale por las estrías
acaba en el ruedo de las lechosas.
Abusador y enfermo de la enuresis
se sienta con las patas de atrás solamente
y duerme un poco,
puja por futuro mejor
no cuenta más que hojas de sauces
las otras no las conoce.
Así, al fin son ellos también
y sus antes
y sus posibles
y sus tenemos,
pactan las partes que sienten que no hacen falta.
Tienen hoy
Ah, qué importa.





Agua de arriba y de fondo

Voy a fondo
a la piel mustia
a un receso de plumas
viajo sendo de luna cerca y clara
con los dedos apuntando adentro
de basta mejorana, de mango trementina
con el sabor de ti sangrante
sin tino
midiendo el ayuno por paso de celotes
casi cayendo
llamándote a desgaste
sigo sintiendo la ruina y la tapia
y cómo se tragan las medias mis zapatos
remiendo y pesco a veces ninguna
llegando, a la entrada
mides un niño que no he visto nunca.


La razón de las piedras


Vengo de un amor hecho a las
tres de un día mortecino
Donde quizás mi madre se revolcaría en los encantos de un padrote envenenado
Vengo de su sudor dilatándoles la espalda, de una hora tregua entre sus piernas
Vengo mulato, ya que mi padre olvidó quitarse los zapatos.

Vengo de su amor que duró unos días, ella arriba con él debajo
De su traviata, de sus escampados ilusorios, de una lectura sin dedos y sin el olor de la saliva en las puntas
Vengo de su arrastre
De un llanto que tardó años en llegar
De nueve meses entre sus intestinos
Vengo de la carencia de su regla menstrual, de la intransigencia de mi padre por no sacarlo
De los nueve minutos que dura el amor.

Vengo de un amor hecho a las tres
Ella arriba
Con él debajo.



Todo hombre tiene derecho a maldecir, a correr tras su sombra y a detenerse en el fondo de su abismo, Tiene derecho a permanecer callado en la gruta de su mujer, es justo su derecho a ser infeliz, a casarse, a tener hijos, a robar para ellos, a colgarse en sus propios intestinos,
Los hombres tenemos todo el derecho a sentarnos, alguna vez, a renegar de cuanta mierda se nos acusa, a perder el tiempo, a inscribirnos por casualidad en la delincuencia, a divorciarnos, a partirle la cara a cualquier hijo de puta (incluyéndonos),
Podemos ser infieles y aceptar sus voladeros, tenemos todo el derecho, por instinto, a que se nos pare en medio de la noche, en el parque, en el metro, llegando de misa, al roce con cualquier objeto, con la vecina, con una prima, con el diablo de hule, con una mano disfrazada, Todos tenemos derecho a estar tristes alguna vez, a llorar, a creer en cualquier Dios, a forjarse uno de tablas u omitir su existencia.
Podemos graduarnos de idiotas, guindarnos cualquier vaina al cuello, amanecer en el piso, vomitar encima de alguien, querer, sudar, despertar,
Todos tenemos derecho a un empleo debajo de una botella, a odiar las escaleras, los ascensores, a sufrir de calambres, a unas llaves, a un perdigón, a un arma vacía, a una honda, a una piedra, a una flor en la solapa, a un perro, a un poema, Tenemos derecho a planificar la muerte, a vestirnos de verde, a elaborar nuestra mortaja, a fundar un pueblo, a plantar un almendro y a una mujer,
Tenemos derecho al mar entero en la boca, a tocar la guitarra, a fruncir, a que te piquen las avispas, tenemos voluntad al cerco por derecho, a alumbrar muertos, a escoger entre varios, a rogar por causas perdidas, a dar una serenata, a creernos todo cuanto queramos,
Tenemos el fiel derecho a mentir, a remendar, a zurcir, a subir, a esperar, a babear, a llegar más tarde, a no ir cuando llueve, a leer entre líneas, a curarnos por medios indiferentes, Todo hombre tiene la gracia por derecho de fraguar su destino a un lado del camino, a meter en su casa a quien se le dé la gana, a soñar en ella.. así estos no quepan en ella,
Tenemos derecho a la hora, a la vitrina, al diario, al fiado, a fiarse, a volarse, a fundirse, a quererse, a aburrirse, a detenerse, a lloverse,
Tiene todo hombre el derecho al amor y a cualquier otra porquería, a burlarse de él mismo a dormir con él o fingiéndolo, a enfrentarse a él por todo medio
Tiene todo hombre el derecho a morir de amor… o cagando.



Todo ha crecido,
incluso las piedras que velan el camino
Hay una rama verde que ahora, mutilada, sobraba sus límites ensanchando su alma,
El perro del señor que siempre saludo, pero no sé su nombre, ha mutado, también, su siniestro pelaje, de todos modos morirá temprano, pues padece de anchura,
Ha crecido el solar, la comisura, el cementerio, no en espacio, sino en nombres y cubiertas,
De todo me doy cuenta cuando garúa, pues me petrifico y veo todos los rincones,
Tengo tanta suerte que hasta me topo, en esos instantes, con alguna gotera nueva, también de cómo las pisadas van desgastando el piso de un lado, crece el viento, crece el bar de abajo en botellas y algarabías, he crecido yo, me doy cuenta.. Pues ya me dejan entrar y debo pagar la cuenta.
Uno se da cuenta de estas cosas no solo porque crecen, sino porque desaparecen, así como Serrat, que apenas lo escucho en alguno de estos bares sitiados, también porque hay gente que uno veía más grande y ahora muere o es de fácil lidia.
Te das cuenta que ha pasado el tiempo cuando abres un cajón, o por las frutas de mentira que siempre han estado sobre la mesa, por un grifo que se averió después de tantas vueltas, por todo lo enterrado en el patio, porque a Lau le crecieron las tetas y también sus pétalos inalcanzables, porque ahora mamá va más seguido a la iglesia, porque hallé, entre otras cosas, el revólver de mi padre, con el que mató a Villegas, y por el cual paga una docena de años, dos puñaladas, quince sin ver a mi madre y el resto lo paga por su mal apetito, sus disenterías y el tifus.
Todo crece desde ahora y siempre, incluso, la forma de hacernos justicia, lo que antes eran baches y bajadas depende del razonamiento de un parto, o de un faquir aletargado, uno envejece a la hora punta y no nos damos cuenta… nos acercamos a la hora en cualquier respiro y descansamos
para el resto.



Primero te desnudas
Vas borrando de la piel lo que te cubre
Luego llegas a lo más intimo
Desabrochas, bajas lentamente
Oyes el agua que se sirve ya hace rato
Te miras y recoges el cabello, miras a ambos lados del cuello
Tapas tus senos con una de tus manos
Un pie interfiere el destino del agua
Se despiertan tus poros y olvidas el día por entero
Caen tus manos, que ahora tapan el sexo
Tus senos se fruncen y respiran asustados
Das la vuelta, ahora la espalda sirve de cauce
El agua te hace el amor, puedo sentirla desde aquí
Te traga, se hunde por donde yo no he ido
Te lava al principio y luego te usurpa te ama por secretos acantilados
Ahora eres transparente, corren lagrimas de fuego sobre ti
Tu mano sostiene al mundo en la pared
Te frotas, humectas, se ensortija la vida en cada punta
Sigues de vidrio
Te miro el alma encajonada de poros
El aura debe ser Dios
Se asfixia el hombre que cuelga en la pared
Muerdo sábanas azules
El agua corre
Corre
Se vence
Te lavas la vida
Yo vivo desde aquí
Urgido.




Hay días cuando no llego a la edad y pienso como hombre
Me lidio entre puertas y espejos la haraganería, me doy la oportunidad del pellejo y de no recoger las sábanas, obligo al viento a que retoce sobre mis ácaros de turno.
Válgame Dios… si apenas se me tuercen las caderas en las tablas, si hoy no es día de horcones ni de precipitados látigos y laceraciones, hoy es un día pero no de horas ni de remilgos, ni de atrasarnos las agujas que nos separan.
Hay días que el solo hecho de aparecerme, suelto las obras de las aras, me afeito y doy buenos días a mis fantasmas transversales.. (sí, a esos, a los del final del espejo), en fin, desecho siempre la fatiga en el papel sanitario.
Cuando no es domingo ni fiesta, temo por mí, me lavo la cara a eso de las nueve y me vuelvo a dormir.
En verano, tomo la siesta a las tres quince, y si no puedo me hago el muerto, solo por redimir el tiempo y pedir posada a la profundidad de mis hemisferios.
Normalmente nunca llego tarde, pero es que hay veces que me tardo en el espejo buscando.
Es verdad, no tengo segundo nombre, pero suelo inventarme uno a la vez.. por nada más que hacer sufrir los podridos huesos del que me levantó en hombros y dijo: te bautizo en el nombre de..,
Bueno, quizá estoy enfermo, sí, pero siempre me lavo los pies y no hay rastros de semillas en la cama.. ni tampoco en el catre.. solo así se puede dormir en paz. Y con una sola red.. la muerte, jajaja.
Hay días, no lo niego, que son de verdad, pero me lastimo, y no me crezco más la uñas, me abrigo y salgo no más de un par de pasos siempre. Y siempre con mi sacapuntas en la mano.
Y si estoy de mi lado… rezo fuertemente, no sé, qué sé yo, un ave marías, un credo, una patada voladora, y otras mierdas más.
Sí, soy transeúnte.
Y no me quejo de ello ah, solo que los carros pasan como el diablo cerca de la pena, y me perturba, no por mí, sino por los que duermen en las aceras, pobre gente, envidio su certeza de no saber qué se sentirá mañana.
Además, tengo treinta y cuatro y eso es más que cualquier edad colgante, no soy grande, pero hay ropa que ya me queda pequeña, y es cuando pienso en mi hermano menor, que siempre se acuesta a maldecir el peso de sus brazos.
Tengo, también, un perro, que muchos critican porque nunca le di un nombre, que me sigue las pistas más cerradas y por senderos de rápida agonía, siempre tengo algo que ofrecerle, además de agua, al animal.
Este es el resultado y me caigo de la cama, por lo menos dos veces al año, sueño cosas extrañas, y nunca llamo a mi mamá, para qué, total vive lejos. Vivo yo lejos. De ella, siempre, santo Dios bendito.
Hay días como hoy que me acuesto sin cenar, escribo y remiendo, y me miro en el espejo y busco, siempre busco y no sé.
Qué. 

Estaba yo sentado en el frente de mi casa como esperando (no sé qué)
Cuando vi pasar un hombre completamente asido a su nariz (como el de Quevedo) qué maestría, Ja.
Y amén sentí la luz horizontal del miedo que supuraba un perro en huida (como en Berlín)
Fijábame yo en la contraparte de las horas, entonces abrí esa leal ventana que no se mueve (por donde veo el viento)
No puedo negar.. del piso empolvado se crea una suerte de balsa que lleva los tarados (aunque no siempre) a la rivera del río que descansa después de una larga travesía y reposa el desayuno, vasto de un par de sandías que ahora llegarán rio abajo quince días antes. (Véase el orden del viajero de Riichmon.)
Y es necesario a veces reunirse con la gente, colmarse de semillas de cualquier porquería, y seguir.. inevitablemente seguir, aunque enferme y duela, es necesario reunirse con los parpados (solamente).
Y estaba yo como durmiéndome bajo el dolor de un almendro amarillento y tenue, como luz mortecina, cuando entraron por la casa y salieron luego, los mismos de ayer pero con sus buches llenos y escupiendo algo que, atorado entre dientes, se frunce e incomoda, Fíjese. (Puede que sea una mecha de carne.)
Porque cuando uno empieza como a devolver del estómago, resulta que son lombrices, el ácido sepulta los dientes con el tiempo, después de haberlos manchado con racimos de brotes y saliva ensangrentada (a lo mejor una hemorragia) pero eso es solo especular. Lo mejor es que sentado aquí veo pasar el resto de lo que me queda y veo la mujer divorciada de mí hace años, gritar un niño que puede que sea de él o de otro, total a mí nunca me sirvió, no tiene porqué servirle al otro, (digo yo, no sé)
Tengo, pues, la imagen del columpio y el remedio que se me derramó en el bolsillo por terco, y esperando aún sentado el que ha quedado a volver, me soplo algo y sigo en el recado, en el sosiego de mi ruta errada (lo digo por lo de los golpes en la cara y las cicatrices y por toda la lluvia).
Cuando uno trepa por los opacos pasos de un río de polvo tiende a remar y a contar con los dedos (de nada sirve ya)
Estaba yo sentado y pasó uno igual que yo (hoy), pero más joven. Y me dijo: abra la puerta, pero en otro sentido, fuércela, no tiene tiempo de preguntar

Por qué.



Ella es el borde de un camino
Hace pájaros con sus manos de todos los colores
Ha renunciado a su nombre por una palabra
Cree en su cristo de lata
Y por muy oscuro
En su olfato de hiena parida

Ella suele llamarse por un nombre de mujer
Es recolectora, como todas
Y llora si es sutilmente necesario

María podría ser.. aunque no estoy seguro

Ella es de tinta ósea
De fuerte madrugada y tiende a dormir a la derecha
Y sin almohadas
Nunca sueña, para no ser gruesa en ellos

Dentro de las horas anda
Navega y recoge las manos de sus higos caídos
Toma un sorbo y sigue en boga muy cerca de la primera regla,

Podría llamarse Laura, pero no lo creo justo

Ella es tiempo
Un río amarrado
Un pliegue por donde pasa lo más cálido de un hombre
Ella es mía y de todo el que amague


Podría llamarse Laura, María, Mujer,
Podría ser
No estoy seguro


***


El poeta César Bracamonte

El poeta César Bracamonte tiene una manera plástica y palpable de describir lo hallado, los días, las horas. Acaso sea por el recuerdo omnipresente de aquella fiesta de San Juan Bautista, de la que obtuvo su primera impresión de la música y de los colores de la mano de Jesús Mariáh, «el hombre que le enseñó a conocer las formas».
Quizá lo más dado y particular de Bracamonte es la manera fiel, como refiere todo aquello para lo cual no hay palabras conocidas, ni imágenes articulables. Me refiero a lo vivido, eso que he preferido llamar la narración de los vacíos, comparable, en otro ámbito artístico, al uso que del silencio hiciera en sus películas el director sueco Ingmar Bergman; al arte de decir lo indecible con el único recurso factible para el caso: la poesía.
Creo entonces en las balas perdidas y en todo lo que va colmando el camino, en sus adobes para el tropiezo, en los huecos donde he metido el pie para sentirlo. (…) En tu imposible puerta, en la ida de las formas por naturaleza.

La linde poética de este escritor y cantor viene cargada de cotidianidad y pueblo, y a simple página puede sentirse el saber del Carache de su infancia, en el que pensaba, de noche, en la tarde, y en la noche al alba. Se siente el gusto de la traición del hombre, de la espalda del primer amor, de la piedra aquella que nunca se encontró y del catre, testigo de todo. Es el uso de la metáfora surrealista lo que le hace transparente. Imposible ignorar la influencia de Cortázar, en su planteamiento estoico; o la de Ramos Sucre, en el ritmo de cada verso; y la resolución de César Vallejo, en sus finales.
En el recorrido cronológico de la lectura podrán vivirse, como propias, las etapas más significativas de la vida de un hombre: La declaración y llegada de la creatura «El alma vive en el cuello», 1996-2003; la pasión del hombre «Fuego a manivela», 2002-2004; la madurez en flor «Mimbre», 2004-2005; el odio en su más amable presentación «La razón de las piedras», 2006-2007; la paz del nuevo amor «Arándula», 2008 y la certeza absoluta de saber en dónde colocar lo hallado «La rastra y el desagüe», 2008-2010. No oculta nada. Sus trabajos, en suma, constituyen una suerte de prosa autobiográfica que brinda al lector la oportunidad irresistible de involucrase, de reconocerse, borrarse y reinventarse.
Del título original de esta recopilación, podría justificar con palabras propias a esa sustancia que sale del hombre cuando la urgencia es gorda, cuando todo conspira, cuando lo que viene le hace vulnerable. El alma vive en el cuello porque vivir es así de frágil y no obstante algunos vivimos expuestos, «como retando al viento y sus armas» porque a fin de cuentas sabemos que la muerte siega de espaldas porque también camina de espaldas.
Para quienes hemos visto el trabajo de César, de martes a martes, de viernes a viernes, desde “El alma vive en el cuello” y hasta hoy, es más que un orgullo acompañar esta publicación. Es, para mejor decir, un acto de justicia, pues esta es una poesía necesaria, una poesía de todos los que hayamos ejercido nuestro derecho a vivir más de lo necesario. Y si algún agradecimiento al autor es permitido en el prólogo, entonces considero justo tomar en préstamo las palabras de Rafael Cadenas para darlas hoy a mi compañero poeta César Bracamonte: Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa.

Radamés Larrazábal


1 comentario:

  1. Desde la razón de las piedras comienzan mis favoritos.

    ResponderEliminar